Las perdices de PERDICAMPO son seleccionadas en los mejores cotos del país, donde han permanecido un mínimo de seis meses en el campo, bajo las condiciones de una alimentación natural que, sumada a los beneficios de un ecosistema favorable para su desarrollo, le permiten manifestar las cualidades cinegéticas que la hacen famosa y que influyen en sus virtudes gastronómicas.
Tales características cinegéticas son precisamente las que intervendrán en que su carne enjuta ostente ese sabor que, a diferencia de otras perdices cuya apariencia puede ser más vistosa, -como la perdiz griega (graeca), chucar o moruna (bárbara)-, ha convertido a nuestra emblemática perdiz roja en un sabroso alimento de gran prestigio gastronómico.